Es el azulejo de estufa en sentido estricto: no una pieza plana, sino un panel moldeado, con una arquería en relieve, esmaltado en un verde azulado profundo que recoge la luz de forma distinta según el ángulo. Estos paneles se fabrican para el aparato, no se recortan de él.
La composición alterna azulejo y enlucido blanco. El azulejo ciñe el hogar, vuelve en banda a la altura de la repisa y de nuevo en cornisa en lo alto; el resto se deja liso. Es la regla antigua: se esmalta lo que se toca y lo que se mira, y se enluce el resto.

La puerta es de bronce, con tirador vertical y marco macizo. Tras el azulejo, la masa hace su trabajo de siempre: lo que cambia aquí es que el esmalte añade una inercia de superficie y un material lavable, que no suelta polvo ni se ensucia.
Realizada en noviembre de 2013.


