Una estufa de masa quema rápido y a alta temperatura, lo que reduce los inquemados y las emisiones. La leña debe estar seca —dos años de secado bajo cubierto ventilado— y partida. La cantidad anual depende del volumen calentado y del aislamiento, nunca del aparato por sí solo.
Verificado el 31/08/2026
Un combustible local, con una condición
La leña es el combustible de la estufa de masa por buenas razones: crece cerca de su casa, su precio no sigue los mercados de la energía y requiere poca energía para producirse y transportarse. Pero todo eso solo vale con una condición, la única que cuenta de verdad: debe estar seca.
Dos años bajo cubierto ventilado, partida
La madera recién cortada está cargada de agua. Quemada así, gasta la energía del fuego en evaporar esa agua, arde a baja temperatura, ensucia el cristal y el conducto, y humea. Una leña seca, con un 20 % de humedad como máximo, arde viva y limpia.
Para conseguirlo: partir la leña nada más cortarla, lo que multiplica la superficie de evaporación; almacenarla bajo un cubierto ventilado, separada del suelo, nunca bajo una lona en el suelo; y dejarla secar dos años. Un higrómetro de puntas, poco costoso, dice en qué punto está un tronco partido: es él quien decide, no el color de la madera.
Qué especies
Las frondosas duras —roble, carpe, haya, fresno— son las leñas de calefacción por excelencia: densas, dan mucha energía por tronco y mantienen la brasa. Las coníferas arden rápido y caliente, con más resina: sirven para el encendido, no para la carga. La madera recuperada tratada, pintada o aglomerada nunca se quema en una estufa.
¿Cuánta leña al año?
La cantidad depende de la casa, no del aparato: volumen a calentar, aislamiento, ritmo de ocupación, rigor del invierno. Es un dato del estudio, calculado para su proyecto, y no una promesa general. Lo que la estufa de masa garantiza es sacar de cada tronco el máximo: un fuego vivo, una combustión completa, un calor almacenado en vez de perdido por el conducto.
El estéreo, la «corde», el kilo
La leña se vende por estéreo —un metro cúbico aparente de troncos de un metro—, a veces por «corde» o por metro cúbico apilado según las regiones. Esos volúmenes engañan: dos estéreos de troncos recortados no ocupan el mismo espacio y, sobre todo, el agua se paga al mismo precio que la madera. La medida honesta es la masa de leña seca. Al comprar, pregunte la especie, la humedad y la longitud: es lo que garantiza la certificación francesa NF Bois de chauffage, cuando el vendedor se ha adherido a ella.
La leña y el aire
Quemar leña libera partículas finas y gases; la cantidad depende casi por completo de la forma de quemar. Un fuego vivo, una leña seca y una combustión completa dividen las emisiones; un fuego ahogado las multiplica. Por eso el manejo de una estufa de masa —una o dos cargas de leña francas al día— es también una cuestión de aire para el vecindario. La referencia de emisiones citada al principio de la página procede de la ecoetiqueta austriaca, a falta de equivalente francés a día de hoy.
La leña que una estufa de masa prefiere
Seca, partida al tamaño del hogar, de frondosas duras, cargada como indica la ficha de su aparato. El manual de la estufa describe la carga y el encendido; la página sobre la combustión explica por qué el fuego vivo es un fuego limpio.
Para recordar — Recurso local, de precio estable, con poca energía gris: la leña bien seca es el combustible natural de la estufa de masa.
Página revisada el 31/08/2026 por Thermasse, constructor artesano de estufas y miembro fundador de la AFPMA. Estos principios generales de la estufa de masa de obra se concretan, con cifras, durante el estudio de su proyecto.