Una estufa de masa suele acabarse con enlucido o con azulejos. Esta va revestida de piedra de sillería, aparejada en hiladas regulares, con un dintel monolítico sobre el hogar y una repisa de zócalo de la misma caliza.
La elección se entiende por el contexto: la casa es de piedra, con muros y hastiales vistos bajo la estructura de madera. Un volumen enlucido en blanco habría desentonado; la piedra de sillería, en cambio, prolonga lo construido, hasta el punto de que el aparato se lee como un lienzo de muro en el que se hubiera abierto un hogar.
Técnicamente, la piedra no es un material de acumulación de primer orden: la masa útil sigue siendo la fábrica refractaria, oculta detrás. La piedra es un paramento, cuya dilatación diferencial respecto al núcleo de combustión hay que respetar; de ahí las juntas abiertas y el dintel apoyado libre en lugar de sellado.
En la parte alta, a la derecha, se distingue la rejilla de difusión que deja que la convección complete la radiación.

La parte invisible del trabajo está allá arriba: el entubado en acero inoxidable del conducto existente, y su sombrerete. En una casa antigua, la puesta a punto del conducto condiciona todo lo demás: una estufa de masa solo tira correctamente si el cabezal está sano y a la altura adecuada.
Obra terminada en diciembre de 2017.


